El ocaso de un siniestro destino

Posted on septiembre 19, 2010

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Sentado en una banca, en un patio vacío. El tiempo del mundo me pareció vivo. Luminoso. Y no supe qué decir:

¿La verdad?
¿Mentiras?
¿O nada de eso vale?

Escupí lo mínimo, lo básico. La nada. Y fui aplaudido. Nada más triste.

En un instante, desaparecí.

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