Una noche de tantas

Posted on septiembre 29, 2010

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Una estación desierta. No me asustó la soledad, sino los murmullos. Tomé asiento por un segundo, e instantes después me levanté para voltear a cada lado, a buscar a quienes me observaban. Y preferí no decir nada.

La noche siguiente tomé un taxi. Llegué a casa de mis padres sin mi bolso, sin zapatos y sin dignidad. Me asomé al refrigerador; había un plato de arroz y otro de frijoles.

Dormí con el estómago vacío. Soñé que llegaba a las estrellas, que me escurría en la zona oculta entre el día y la noche.

A la mañana siguiente tomé de nuevo el metro, que me reconfortó. Las miradas ocultas permanecían.

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